viernes, 24 de agosto de 2012

Etimología popular






En esta ocasión, y para seguir con el apasionante mundo de las etimologías, os traigo hoy la etimología popular. Según la RAE es la ‘interpretación espontánea que se da vulgarmente a una palabra relacionándola con otra de distinto origen’.

En este caso, vulgarmente se refiere a que da origen a vulgarismos, es decir, a usos del idioma que se alejan de la norma, que no son correctos. Vulgar viene de vulgo, que significa ‘pueblo’ y con el tiempo ha ido adquiriendo un sentido peyorativo, despectivo. ¿Por qué será que el pueblo sale siempre tan mal parado?

Bueno, vayamos al asunto... Etimología popular significa que el hablante utiliza de una determinada manera o modifica una palabra (o ambas cosas a la vez) al creer que tiene relación con otra.

Lo que me resulta interesante de la etimología popular es que el hablante, de manera innata, busca el origen etimológico de la palabra y si no lo encuentra, lo inventa, con lo que da lugar a estas estupendas perlas del idioma.

Veamos hoy unos ejemplillos a modo de muestra y otro día os voy contando alguno más. ¿Tenéis alguno en mente? ¿Habéis oído una de estas suculentas etimologías populares? ¡Enviádmelas a elmondaletras@gmail.com!

Mondarina es el término que utilizan las personas que perciben su origen en mondar porque, obviamente, para poder comértela la mondas, es decir, le quitas la piel. Y, sin embargo, el nombre parece provenir del color de la túnica de los mandarines, los burócratas de la China Imperial. El chino mandarín es la variedad más usada en este país. Más de 800 millones de personas la hablan en el mundo, lo que la convierte en la más hablada. Ese es el motivo por el que cada vez más personas están aprendiéndola…

Y volviendo a la fruta, la mandarina es un cultivo originario del país asiático, aunque tenemos tantas en la Comunidad Valenciana, que podríamos pensar que son propias de nuestra huerta. Por épocas llegamos incluso a ser los segundos productores mundiales de esta rica fruta. Bueno, hablo por mí que me encanta. Alguien me dio una vez a probar licor de mandarina y estaba buenísimo…tendré que hacer memoria…

Vagamundo dicho así encaja perfectamente: ‘el que vaga por el mundo'. Etimología clarividente como ella sola. Sin embargo, su origen es otro muy distinto: proviene del latín vagabundus (de vagar y la terminación -bundus, que aparece en otros términos como meditabundo e indica 'contener la acción del verbo del que proviene').

Eso sí, vagamundo lo recoge el DRAE, quizá porque la etimología popular se remonta al S. XV.

A Jesús Quintero le debió hacer gracia esta palabreja porque le puso así a aquel programa estrambótico de entrevistas que presentaba. ¿Os acordáis?

La expresión estar en pelotas, o sea, estar desnudo, viene del término medieval en pellote, por analogía con la piel o el pelo y, en realidad, era en pelota, en singular.  Sin embargo, los hablantes han creído que se decía por los testículos, hablando mal y pronto, las pelotas. Así que no llega a ser del todo correcto aplicárselo a una mujer cuando está desnuda…

¿A quién no le hemos oído decir que se ha atiforrado de comida? Cuando, en realidad, la palabra es atiborrarse y proviene según la RAE de atibar (‘rellenar con zafras, tierra o escombros las excavaciones de una mina que no conviene dejar abierta’) y borra (‘cordera de un año’ y también ‘parte más gruesa de la lana’). Con todos estos ingredientes y de manera quizá un poco metafórica, parece que se construye el término para indicar que se está harto de comer. 

La forma atiforrar probablemente surge como analogía con la palabra forrar utilizada para aludir a  que se tiene mucho dinero. Esta, a su vez, viene del del francés fourrer y aquí me encuentro con algo curioso porque parece que también este término en francés significa 'atiborrarse' en alguna de sus acepciones. ¿Fue antes el huevo o la gallina?¿Algún francoparlante nos da alguna pista?
  
Y una última para terminar que si no me alargo mucho…

En este caso, no está muy claro que sea una etimología popular, pero como da mucho juego os la 
cuento:

Parece evidente que clavo de 'especia' y el de 'clavar' tengan el mismo origen, ya que comparten hasta la forma los propios objetos a los que denominan. Sin embargo, hay quien no está de acuerdo con esta afirmación.

En relación con el clavo metálico os cuento que parece ser que en Roma las primeras cerraduras se cerraban con un clavo que, por ser un método poco seguro, evolucionó a otros dispositivos más elaborados hasta dar con las llaves. Esta llave viene de ese clavo y es la misma palabra exactamente que clave, que llegó después de llave. ¿Cuando tenemos la clave para algo no tenemos también la llave?

Hay un grupo de lingüistas que cree que el nombre de la especia llegó al castellano a través del griego y, a su vez, a través de una palabra en sánscrito. Esta palabra derivó en otras que ahora nombran a esta especia en francés y latín. Por lo que no tendría nada que ver con el clavo metálico.

Por su olor parecido a la especia, al clavel se le puso ese nombre en catalán y después pasó al castellano. 

Y, por cierto, dice mi amiga Marta, que si clavas unos clavos de especia en medio limón, no vienen tantas moscas. A ver si es verdad porque me están friendo mientras escribo esto. Para veinte días que viven las pobres anda que no molestan...

2 comentarios:

  1. Gracias, gracias, gracias.
    Adoro la etimología de las palabras. También su significado, pero mas sus orígenes y sus cambios a traves del tiempo.

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  2. ¡Me alegra mucho que te haya gustado, bonita! ¡Seguiré investigando para traer estas y muchas otras cosas!

    Un beso enorme y etimológico

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