miércoles, 12 de septiembre de 2012

Víctor o Victoria





Hoy me he dado cuenta de algo: en Internet estamos empezando a ser lo que de verdad somos. Justo al contrario de lo que pasó al principio de que naciera este magno medio de comunicación. 

Y me explico, antes de que me pese demasiado mi propia sentencia, que me pesará igual haga lo que haga:

El sistema (entiéndase no sistema político, no sistema económico, no derechas, no izquierdas) articula un escenario. De hecho, de pequeña me gustaba pensar que los edificios, las tiendas… todo era un gran escenario en el que ocurrían nuestras vidas y, por eso, me parecía que nada importaba demasiado (solo me parecía real lo que era del género árbol, campo o similar). Una vez le conté esto a un chico con el que tuve una cita y me dijo que lo entendía, que a él le pasaba lo mismo. Supongo que me hubiera dado la razón dijera lo que dijera: era la primera cita y aún íbamos en el metro.

Bueno, a lo que vamos: el escenario del sistema. Ese ente inexplicable e inefable, ese lugar al modo del imaginario colectivo de Jung, pero en ciudad Monopoly. Ahí donde un director de cine es el que dirige películas enormes, un fotógrafo es el que expuso en una importante galería y una persona solo puede ser alguien asalariado, hipotecado y cotizante a tiempo completo.

Sin embargo, descubro que en el medio internauta se crea una liga de la justicia poética en la sombra, hordas de personas que dicen ser lo que son sin que nadie tenga que firmarlo y confirmarlo ante el Estado, Dios o el sursuncorda.  Es el reinado del soy lo que hago. Dedico mi vida a hacer fotografías: soy fotógrafo aunque no salga en el telediario o ventana al mundo del escenario del sistema.

Cuidado, porque esto desmonta peligrosamente el tenderete de: ¿quieres ser algo..? eso te costará unos pavos extra… Ahora ya no hay que pedir permisos, quiero ser y soy. Eso sí, nadie te garantiza que si te sales del tablero del Monopoly ganes un solo euro. Y ahí está el quid y la paradoja estrujacerebros. Una de tantas, que andamos bien sobrados. ¿Así quién puede mantener algo de cordura?

A ver si al final va a resultar que la vida virtual es la de ahí fuera, la de los edificios y las tiendas de mentira… Yo, por si acaso, me mantendría bien alerta…no está la cosa como para despistarse mucho…

Seguiré investigando, ya tengo mi traje de espía virtual en el armario ¿o era de espía internauta? 

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