lunes, 13 de mayo de 2013

:) o el triunfo de la ironía cibernética



No soy muy de tantos por ciento, no por nada, es que me da pereza buscarlos, la verdad.  Por esta vez, me voy a dejar llevar por la intuición y por lo que aprendí en algún momento de mi vida. A lo que vamos: hay un enorme tanto por ciento de información en la comunicación que escapa a lo puramente verbal: entonación, gestos, lenguaje corporal…

Esto es, cuando hablamos con una persona y la tenemos delante lo que dice es una mínima parte de lo que comunica.

Mucha de esta información no es procesada por el consciente, sino que nos llega por otros canales, por ejemplo, el inconsciente o los sentidos. Quizá voy a decir una barbaridad, pero, en ocasiones, me parece que la preponderancia de la vista hace que el resto de sentidos casi se perciban por otro lugar que no es lo consciente. Barbaridades o apreciaciones subjetivas aparte, hablar con alguien en persona enriquece y facilita la comunicación. Solo pensemos en si hablamos, por ejemplo, con alguien en inglés. Es mucho más sencilla la comunicación presencial, ya que esa persona hace gestos y apoya el discurso con todos los elementos necesarios para garantizar que el mensaje se transmite adecuadamente.

Si tuviéramos que hablar con esa misma persona por teléfono, seguramente la conversación sería mucho más complicada y nos entenderíamos peor. No es muy diferente lo que ocurre si las personas están hablando en el mismo idioma. La lengua que uno habla no es unívoca, es decir, el mismo mensaje puede tener muchos significados dependiendo de cómo lo digamos, del contexto, de la cara que pongamos… Todos esos matices los perdemos si hablamos por teléfono. Y esto solo en lo que tiene que ver con lo hablado, ya que, aunque sea por teléfono, oyes la voz, el tono, el volumen…

Pero pensemos en toda la información que perdemos de la persona si nos comunicamos con un texto escrito. Eso sí, también existen ventajas, por qué no decirlo: podemos elaborar el discurso con mucha más premeditación y organizar mejor lo que vamos a decir. Además, tenemos impunidad para lo bueno y para lo malo al no tener a la persona delante.

Lo que queda escrito puede convertirse en una prueba irrefutable de que alguien dijo lo que dijo. Y aquí me voy acercando a lo que quería compartir con vosotros: últimamente, me doy cuenta de que las relaciones de ahora mismo, y digo ahora mismo porque dentro de unos meses esto podría dar un vuelco y ser de otra manera completamente distinta, prácticamente se sustentan en la comunicación escrita. Correos electrónicos y whatsapps son el día a día de nuestras conversaciones. No hay tiempo, andamos hundidos en tristezas y desvaríos, no queremos mostrarnos demasiado salvo cuando lo elegimos cuidadosamente…un perfecto caldo de cultivo para la letra escrita.

Si analizamos las características que aparecían hace un par de líneas sobre lo escrito, podemos ver que las relaciones están cambiando y que la manera en la que nos comunicamos determina nuestras relaciones con las personas. Entonces, nuestra comunicación ahora es más elaborada, se tiene  mucho más tiempo para pensar lo que se dice y cómo se dice. Estás protegido, puedes hablar de muchas cosas de las que no hablarías si tuvieras a esa persona delante y no puedes escudarte en el “yo eso no lo dije” (lo que esto puede influir en las relaciones de pareja podría dar para una tesis...).

Todo eso unido a la información que perdemos de la persona y los miles de malentendidos en los que nos vemos inmersos a diario por utilizar tan poco la comunicación oral en cualquiera de sus formas. "No…si yo lo que quería decir es que…" Y ahí es donde aparecen los emoticonos (iconos con emoción) para suplir esa falta de información. Curioso. Las emociones. En realidad, un texto escrito no es que carezca de emociones, más aún, todo lo contrario, puedes expresarlas casi con más libertad y reflexión, pero nos perdemos las emociones en directo, esas que a veces dan tanto vértigo.

Todo esto parece solucionarse gracias a nuestros amigos :) y :(. Algo así como unas cibernéticas máscaras del teatro griego que tratan de poner orden en las convulsas relaciones del presente. Y es que en concreto :) te puede sacar de mil aprietos. Esa es otra de las tendencias que empiezan a perfilarse: hemos encontrado un filón en el medio escrito para poder decir todo lo que no decimos en el oral. Una :) en una frase puede ayudarnos a suavizar algo que podría entenderse mal o incluso puede posibilitar decir algo que de otra manera sería impensable. Por ejemplo, si yo digo “estoy hasta las narices de ti”…la otra persona probablemente lo reciba mal. Además, las frases, digamos "duras", escritas parecen mucho más duras. Pero, si por el contrario digo. “Estoy hasta las narices de ti :)”…pues oye, puedes pensar que es una bromita, que se me ha cruzado el cable…pero yo ya te lo he soltado y ahí queda.

Los emoticonos tratan de poner algo de cordura en medio de este cambio de hábitos comunicativos tan brutal y también hacen que afloren nuestros más oscuros instintos y nuestra sinceridad comunicativa al calor de una sonrisilla a tiempo.

Es curioso, pensaba ahora que quizá esta puede ser la era de los tímidos… y pensaba también en algo que vi ayer publicado en una red social: era algo así como que habían descubierto una novedosa forma de chatear en directo y en 3d: tomarse un café con alguien. A partir de ahora lo revolucionario va a ser ver a alguien en persona. Estamos en la era de la comunicación, pero de una comunicación muy particular… Habrá que explorarla a ver a dónde nos lleva. 


2 comentarios:

  1. Gracias por la entrada. Muy interesante el blog y muy interesante lo que has dicho sobre la comunicación hoy en día. Vivimos tiempos paradógicos. Yo siempre que veo algo así, me gusta pensar que todo tiende a equilibrarse. Si al texto le falta emoción, inventamos los emoticonos. Le pusimos bocadillos con texto a un monigote y surgieron los comics. Todo pasa por encontrar la carencia y todo cobra sentido. Equibrando el conjunto y perfeccionándolo. Otra cosa es que los logros del progreso se distorsionen y surgan los extremos... Esconderse tras emoticonos es uno de ellos que evidencian algún tipo de carencia, humana digo, pero nadie es perfecto :-)

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  2. ¡De nada! Gracias a ti por leerme :) (Voy a hacer uso de los emoticonos...jajaja). Comparto contigo lo que dices, de hecho, no sé si es algo positivo o negativo lo que ocurre, efectivamente, habrá que ver cómo nos vamos adaptando a todos los cambios...Un beso enorme

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