martes, 29 de julio de 2014

¿Así que quieres ser escritor?




Hay ocasiones en las que suceden varios acontecimientos al mismo tiempo y cierran una especie de círculo que termina en un pequeño placer, algo así como un orgasmo mental, un momento en el que tienes la sensación de que está ocurriendo eso que no sabías que era, pero que llegaría en algún momento.

 Tienes una pasión y cuando te reencuentras con ella, vuelves a enamorarte, como la primera vez que lo hiciste. A mí la mía me ha vuelto a tirar los trastos y no deja de llamarme. No sabe de redes sociales, pero sabe de cerebros y de redes neuronales... Se ha instalado y parece que se queda.

Mientras tanto, descubro gracias a una casualidad este poema de Charles Bukowski, un poema que nunca había leído hasta ahora y me sigo enamorando, y aumenta el placer, y se me pone la piel de gallina o de pollo, lo que sea, pero tiemblo. Me gusta cómo dice lo que dice. Mucho.

 So you want to be a writer?

If it doesn’t come bursting out of you
in spite of everything,
don’t do it.
Unless it comes unasked out of your
heart and your mind and your mouth
and your gut,
don’t do it.
If you have to sit for hours
staring at your computer screen
or hunched over your
typewriter
searching for words,
don’t do it.
If you’re doing it for money or
fame,
don’t do it.
If you’re doing it because you want
women in your bed,
don’t do it.
If you have to sit there and
rewrite it again and again,
don’t do it.
If it’s hard work just thinking about doing it,
don’t do it.
If you’re trying to write like somebody
else,
forget about it.
If you have to wait for it to roar out of
you,
then wait patiently.
If it never does roar out of you,
do something else.
If you first have to read it to your wife
or your girlfriend or your boyfriend
or your parents or to anybody at all,
you’re not ready.
Don’t be like so many writers,
don’t be like so many thousands of
people who call themselves writers,
don’t be dull and boring and
pretentious, don’t be consumed with self-
love.
The libraries of the world have
yawned themselves to
sleep
over your kind.
Don’t add to that.
Don’t do it.
Unless it comes out of
your soul like a rocket,
unless being still would
drive you to madness or
suicide or murder,
don’t do it.
Unless the sun inside you is
burning your gut,
don’t do it.

When it is truly time,
and if you have been chosen,
it will do it by
itself and it will keep on doing it
until you die or it dies in you.

There is no other way.

And there never was.


De repente, recuerdo cuando estudiaba Filología en la Autónoma. Creo que estábamos en segundo y no sé por qué,  Virginia y yo le preguntamos al profesor que nos daba textos del XIX alguna duda, algo, lo que fuera. No sé tampoco por qué, pero nos dijo que él había estado en casa de Bukowski, hacía muchos años con él y su mujer, y que la entrevista estaba publicada en la revista Triunfo, que la buscásemos en la Hemeroteca. La buscamos, la encontramos y se cerró un microcírculo.

Allí estaba ese profesor setentero tomando copas con Bukowski y su mujer. Había un montón de fotos, de los tres, a mí me pareció que estaban borrachos, lo que aumentó el interés de aquel hallazgo, claro. Y luego...nada. Devolvimos la revista y salimos de nuestro momento postadolescente enajenado. Después de esa especie de anagnórisis etílica, mi profesor nunca fue más mi profesor, sino  aquel tipo descamisado de las fotos de la entrevista.

Otras imágenes como esta se han ido uniendo con el hilo conductor de los momentos en los que tuve todos los orgasmos mentales de mi existencia.

A veces me olvido, a veces, incluso durante años, o durante días muy largos.

Por suerte, si me pierdo, la pasión siempre viene a buscarme.
 


 (Os dejo la traducción del poema por si queréis leerlo en castellano.  He encontrado la misma traducción en un montón de páginas. Al que la hizo...gracias...


Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.

Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa o a tu novia
o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.)

domingo, 6 de abril de 2014

Hace veinte años que murió Kurt Cobain...qué vértigo...






Hace veinte años que murió Kurt Cobain. Me acuerdo perfectamente de lo que estaba haciendo ese día, casi como el de las Torres Gemelas. Llevaba puesto un uniforme de colegio y me enteré en el recreo. Alguien lo dijo, así de pasada. Yo ya tenía un par de cintas grabadas, creo que el Bleach y el Nevermind, y oía a ese grupo con auténtica pasión adolescente, o espíritu adolescente, para no salirnos del guion.
La noticia me dejó muy quieta, como esas secuencias de peli en las que todo lo de alrededor se silencia y te quedas solo con tu cabeza. No sé exactamente qué supone que muera alguien que no conoces de nada, pero ocurre.  Supongo que a partir de ese momento a mi madre le gustó menos aún que oyera a Nirvana encerrada en mi habitación, no fuera a ser que... Son tópicos, muchos, pero  terminan funcionando y dando forma a esas existencias tan raras que habitamos en la adolescencia.  Quizá más tópico, pero no menos real, es el hecho de que yo ahora tengo seis años más que él cuando murió. Hoy miraba fotos suyas y me daba cuenta de que era mucho más joven que yo en este momento, lo que me ha hecho sentirme muy mayor. Malditos homenajes. 
Digresiones aparte, cuando el líder de Nirvana murió, empezó a surgir una guerra para determinar quién había empezado a escucharlos antes, ya que los que lo hicieron a partir de su muerte eran poco menos que farsantes. También existía la rivalidad entre los que eran de Nirvana o de Pearl Jam, como si oír a Nirvana a partir del suicidio de Kurt Cobain fuera algo demasiado comercial. Así que ya no sabías qué debías escuchar o hacer para ser más auténtico. La época del aparentaje es dura, por eso creo que, en el fondo, no volvería nunca a ella.  
Y entre Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y otros grupazos, te metías de lleno en los últimos noventa, te calzabas un jersey viejo, te sentabas en Malasaña (o donde correspondiese) y te sentías parte de algo, que no es poco. 

Es cierto que todo esto es pura nostalgia sesgada, pero es una nostalgia en la que me gustaría quedarme a vivir de vez en cuando…así que…por qué no echar un poco la vista atrás.
Han pasado veinte años de todo esto, lo que significa que ya ha empezado el momento en el que uno se mira al espejo y es consciente de que está empezando a hacerse viejo lentamente, como un suplicio de Tántalo moderno. 

Ahora mismo estoy a punto de tener a mi primera hija y me doy cuenta de todo lo que ocurre en veinte años de una vida, lo breves que parecen a veces y lo tremendamente pesados que son en otras ocasiones.
Sea como fuere, hace veinte años empezó una época en la que nos divertimos mucho, un tiempo que pensábamos que sería eterno y que por mucho que todo cambiase en el futuro, no cambiaría nada. Mi sensación es que teníamos todo el mundo para correr, que las oportunidades eran infinitas y, sobre todo, que podíamos hacer lo que nos diera la gana porque sería posible. 
En la actualidad nos encontramos con un país en crisis económica, social, creativa... Un país desnortado, descontrolado y con ganas de regresar al pasado, pero no al de Nirvana y Pearl Jam, sino a un pasado rancio y con un sabor muy amargo. Pero, sobre todo, tenemos un país triste. No sé si nuestra generación está pagando los felices años noventa o qué, lo que sí creo es que este país se hunde en una especie de pantano como en el que murió Artax
La autocomplacencia del pasado puede llegar a resultar un poco inocente, y para evitarlo pienso en qué pasaría si me encontrase conmigo hace veinte años o quince, si ella se avergonzaría de mí o a mí ella me resultaría una mema. Y…no sé…creo que nos caeríamos bien, nos tomaríamos una cerveza y no tendríamos mucho que echarnos en cara. Eso me reconcilia con el presente y me hace pensar en que siempre hay tiempo para ser feliz.

sábado, 5 de abril de 2014

Mi aportación a la exposición de Víctor Hugo Martín "El interior" en El Carrusel,Valladolid




El viernes se inauguró en Valladolid la exposición El interior de Víctor Hugo Martín Caballero en El Carrusel, un espacio creado por Ricardo Suárez y Cristina R.Vecino. Os dejo su web para que le echéis un vistazo (http://fotografiaelcarrusel.com). Aún no he podido ir a visitarlo, pero he visitado su web y me parece un lugar muy interesante. 

Ricardo rodó con Helsinki Films (la productora audiovisual de la que soy socia) como operador de cámara el corto Cold  y ha compuesto e interpretado su banda sonora junto a Héctor Blanco. El corto va despacito, pero ya está cada vez más cerca el día en que lo terminemos. Le estoy muy agradecida a Ricardo por su participación en este proyecto y, además, me encanta su trabajo como fotógrafo del que podréis disfrutar si os asomáis a su web o si os dejáis caer por El Carrusel.


Y volviendo a Víctor, os contaré que lo conocí en el mismo cortometraje en el que también conocí a Iván, la persona con la que comparto amor, casa y vida profesional... Víctor es director de fotografía y ejerce como tal, además de ser también fotógrafo profesional. Hace tiempo ya me había enseñado sus fotografías y me parecieron maravillosas. Su concepción del espacio y de la luz me resultan muy inspiradoras. 


Esta semana me llamó y me dijo que iba a hacer una exposición y que si quería escribir un texto a partir de lo que me sugiriesen las fotografías. Me hizo mucha ilusión, además, cuando daba clases, muchas veces hacía ejercicios de creación literaria en los que los alumnos creaban textos libremente a partir de fotografías. Así que me puse a ello:









Y salió un texto de algún lugar que conectó con las fotografías de Víctor:


"Lo que se reserva. La materia dibujada y encontrada.El ojo fijo. El color detenido y frío. Reinvenciones múltiples y caras de un mismo prisma para recordar el enigma. Inamovible la imagen y perpetuo el instante. 
Desasosiego de lugares no habitados. Excesivamente conocidos. Empezar desde el final para no agotar la existencia. Morir de normalidad. Contornos desubicados que no encuentran su pasado, que abusan del presente hasta alcanzar la inmortalidad de lo que muere todas las veces. 
Un camino y otro que se quema. Arde el barro bajo los pies. La combustión es inevitable. Líneas y perspectivas como hilos que se enredan para no caer.
El secreto de lo oculto entre bisagras y hojas, lo que no se sabe, el final añadido. Un apocalipsis de neón borracho de sombra y luz. 
Desfile de cemento invertido, galerías y rejas. Un trozo de algo en las esquinas, alguien en pedazos.
Crepúsculo en verde para sorpresa de quien ya no mira. Agua que se inventa y un cielo que no espera.
No referirse al sueño porque el interior es la única certeza"

Me hace muchísima ilusión ver ahí mi texto y estoy muy agradecida a Víctor por haber pensado en mí para su exposición.


 Si estáis en Valladolid, no dejéis de ir a visitarla.